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martes, 19 de enero de 2016

¿Aún exisite la brujería?

Hasta bien entrado el siglo XIX, se solía identificar la brujería con la adoración al diablo, y como tal fue perseguida por la Iglesia. No obstante, hoy numerosos antropólogos la conectan, más bien, con las reminiscencias de las prácticas mágicas y los antiguos cultos paganos, especialmente los relacionados con la naturaleza, que se extendían por Europa antes de que el cristianismo ocupara su lugar.

A mediados del siglo XX, el escritor ocultista Gerald Gardner impulsó el desarrollo de la wicca, una religión mistérica descentralizada en la que supuestamente fue iniciado por unas brujas británicas que mantenían vivo el viejo sistema de creencias. La wicca se caracteriza por la magia ritual, concibe la naturaleza como una manifestación de la divinidad y defiende la existencia de dos deidades principales, que encarnarían los principios femenino y masculino. Otras tendencias, caso de la tradición Feri o el cultus sabati, incorporan sus propios símbolos y prácticas.

¿Y dónde fueron más acosadas? A partir de 1320, el papa Juan XXII impulsó la persecución de las brujas y los hechiceros, a los que consideraba en asociación con Satanás. Aun así, en la mayoría de los procesos que se llevaron a cabo en el siglo XIV, los inquisidores se mostraron escépticos. De hecho, lo que podría considerarse como la auténtica caza de brujas no se haría masiva hasta el siglo XVI, con la llegada de la Reforma protestante y la Contrarreforma. El historiador William Monter, profesor de la Northwestern University, en EE. UU., y una de las mayores autoridades sobre este asunto, estima que se produjeron por esta causa unas 35.000 ejecuciones, la mayoría en Europa Central.

www.muyinteresante.es

viernes, 20 de noviembre de 2015

Descubren la tumba de una niña acusada de brujería

Un equipo de investigadores del el Instituto Pontificio de Arqueología Cristiana han descubierto en un yacimiento de la localidad italiana de San Calocero, una tumba muy especial. 

En su interior se encontraban los resto de una niña de unos trece años de edad, que fue sepultada boca abajo. 

Ese singular hecho, según los autores del descubrimiento, era una forma de castigo que se aplicaba a las personas que eran acusadas de brujería. Se las enterraba vueltas hacia abajo en la creencia de que de ese modo no podrían seguir amenazando alos vivos desde la sepultura. En otras ocasiones también se les colocaba un ladrillo en la boca. 

El análisis de los restos ha permitido descubrir además señales de hiperostosis porótica en el cráneo, lo que es un síntoma de anemia. Eso significa que la niña seguramente tenía una apariencia pálida y demacrada que podía asustar a sus supersticiosos convecinos.

www.quo.es

viernes, 10 de octubre de 2014

Las brujas de Salem

En enero de 1692 se inició en la localidad norteamericana de Salem (cercana a Boston) un juicio contra varios de sus vecinos acusados de practicar brujería. 

La denuncia se inició cuando dos niñas, de 9 y 11 años de edad, comenzaron a sufrir convulsiones y espasmos. Entre sollozos afirmaron haber sido embrujadas por mujeres de la localidad que de noche creaban dobles de sí mismas. 

El juez local les creyó y así se inició una investigación que sumió a la ciudad en un clima de histeria colectiva, surgiendo cada día más niñas embrujadas y nuevos implicados, hasta alcanzar el sorprendente número de 141 acusados. 

Finalmente, 20 de ellos fueron ejecutados y cinco fallecieron en prisión. Cuatro años después del juicio, los jurados que dictaron sentencia firmarían una confesión de error, en la que achacaban su actuación al miedo y la histeria desatados desde la primeras acusaciones.

http://www.muyinteresante.es

sábado, 11 de abril de 2009

PACTAR CON EL DIABLO


Desde el principio de los tiempos el hombre siempre ha estado dispuesto a negociar con los dioses y los espíritus, incluso con aquellos de naturaleza malvada con el fin de hacer su estancia "terrenal" más llevadera. Pactos y ofrendas para conseguir riqueza, poder, salud, bienestar, sexo o fama. Aunque en la mayoría de los casos la entidad maligna solicita el alma eterna de la persona para conseguirle sus peticiones.

El hombre siempre ha temido lo imprevisible de su vida, el poco control que puede ejercer sobre el futuro y valorado el presente por encima del pasado y el futuro. No es extraño por tanto que desde los inicios de la civilización y con el propósito de tener lo que se desea muchas personas hayan pactado con cualquier tipo de espíritu maligno, aún con el riesgo de una vida eterna cargada de sufrimientos.

Las personas que tradicionalmente trataban de realizar pactos de este tipo solían creer que Dios les había abandonado y no encontraban alicientes en su vida para continuar, normalmente gente de escasos recursos económicos que cansados de su pobreza decidían pactar con el diablo para llevar una vida de riquezas, individuos que amaban a alguien que no les correspondía o con afán de protagonismo y que no podían tolerar el anonimato de su vida y por consiguiente buscaban además de dinero la fama o cualquier otro tipo de pacto que repercutiese de una forma inmediata en la mejora de su vida terrenal.

Si bien los pactos Satánicos no siempre se daban de esta forma, en ocasiones era el mismo Diablo quien conocedor de la vulnerabilidad de una persona se le ofrecía a acabar con esa vida de sufrimiento prometiéndole una de riquezas y sin ningún tipo de limitación. El Diablo solía presentarse de esta forma tentadora a personas especialmente ambiciosas pero de corazón puro, su intención era adueñarse con certeza de un alma que siguiendo una vida normal no tenía un destino eterno aún definido.

Una Eternidad en el Infierno

El futuro de alguien que pacta con el Diablo no es muy alentador pues conoce con certeza que deberá sufrir eternamente en el Infierno, esto hace pensar: ¿Como alguien a sabiendas de su destino final en el averno puede pactar por tan solo unos años de "felicidad"?

Existen dos posibles razones:

1.- Un grupo de personas pactarían con la intención tras una vida llena de éxitos gracias a los beneficios de vender su alma, romper el pacto y traicionar al Diablo tratando de volver a la luz. Así mismo en libros como el Gran Grimorio se habla de poder obtener los beneficios de los ángeles caídos o demonios siempre bajo la protección de espíritus del bien (ángeles y arcángeles) mediante la amenaza a demonios de enviarles a dichas entidades a que les atormenten. Sin embargo, no resultaría fácil engañar a Lucifer, al fin y al cabo, se trata del Ángel más perfecto de la creación y probablemente sea el quien acabaría ajustando el pacto a sus intereses..

2.- La otra posibilidad es que conocedores del valor que otorga su alma el mismo Diablo, incluso para presentárseles en persona, piensen que este les tiene guardado un puesto de honor en el Infierno.

Vender el Alma al Diablo

Los rituales para pactar con el Diablo y vender el alma varían mucho dependiendo de las fuentes. Desde luego esta no es la web ni yo la persona adecuada para citar partes de ese ritual ni de sus pasos, en su lugar citaré algunos de los libros que según los entendidos muestran con mayor detalle los pasos del ritual o pacto por el que se vendería el alma al Diablo:

- El Gran Grimorio está considerado como uno de los libros más autorizados en lo concerniente a los pactos diabólicos. Resulta difícil, como ocurre con todos los grimorios, datar la fecha de su redacción, al no haberse localizado ningún manuscrito anterior a la fecha de su impresión, que ocurrió en el siglo XVIII... Atribuido “oficialmente” a Antonio del Rabino, un mago veneciano que afirmaba haber redactado la obra basándose en textos autógrafos del mismísimo rey Salomón (Hijo de David y profeta del Antiguo Testamento), en el Gran Grimorio se especifica con detalle como invocar y pactar con Lucifer Rofocal. Consciente de los riesgos que encerraría el pacto con el diablo, el Gran Grimorio incluye toda una serie de cláusulas llenas de dobles sentidos, triquiñuelas y escapatorias, que permitan burlar al diablo cuando éste se presente para reclamar su parte en el pacto. Al fin y al cabo, toda una eternidad de tormentos inenarrables, a cambio de unos pocos años de beneficios materiales, no son un buen negocio para nadie.

- Uno de los rituales incluido en el Grimorium Verum (como ocurre en el Gran Grimorio) se dedica especialmente a la venta del alma al Diablo. Y como en el citado Grimorio, se especifica que los demonios “no dan nunca nada a cambio de nada”, aludiendo a la necesidad de ofrendas y sacrificios rituales, siempre de animales. El Grimorium Verum inicia su primera parte enumerando los tres principales demonios con los que se puede pactar: “Lo primero que debes saber es que existen tres potencias. Lucifer, Belcebú y Astarot”. Detallando a continuación como han de confeccionarse correctamente todos los elementos y herramientas del ritual: el pergamino virgen, las varas mágicas, el cuchillo de sacrificios, la lanceta, etc.

- El Grimorium Honorii Magni (o Libro del papa Honorio el Grande) se ha considerado el más “diabólico” entre todos los Libros Negros, probablemente porque, a diferencia de otros Grimorios más limitados a la magia cabalística (judía) en esta obra se muestran importantes influencias cristianas, que a juicio de las autoridades eclesiásticas, agravan aún más el carácter blasfemo de la obra. Publicado por primera vez en latín, en Roma, en los años 1629, es conocido especialmente a partir de una traducción francesa de 1670, y atribuido al papa Honorio III el Grande, sucesor de Inocencio III, que reinó entre el 1216 y el 1227. Según la cita evangélica, Jesús dijo al primer Papa: “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y la puertas del infierno no prevalecerán contra ella y te daré las llaves del Reino de los Cielos y cualquier cosa que atares en la tierra será atada en el Cielo” (Mateo 16, 18). En esta cita, en la que se sustenta en buena medida la autoridad del Magisterio de la Iglesia Católica, se pretende justificar el supuesto poder del Papa para dominar a los demonios, y para decidir en la tierra cuestiones que afectan también al mas allá.

- En España, sin duda uno de los libros prohibidos más populares, que todavía hoy circula en algunos ambientes esotéricos, es el Gran Libro de San Cipriano. Este Grimorio, en el que también se especifica con detalle el ritual de invocación a los demonios y los pasos del pacto satánico, generó todo tipo de leyendas. Entre las meigas gallegas, que "haberlas haylas", se rumoreaba que existía una copia de este libro legendario encadenada en los sótanos de la Catedral de Santiago de Compostela, sin embargo ediciones menores y fragmentos sueltos eran atesorados por algunos esoteristas gallegos, o del resto de España, como un auténtico tesoro mágico. “El Ciprianillo” todavía hoy es consultado por algunos videntes, ocultistas y brujos españoles contemporáneos.

- Rituales satánicos, de Anton Szandor LaVey. Roca, 1975. Como bien dice LaVey, “el culto a Satán no es una exclusiva católica, y en todos los pueblos del mundo ha existido un Lado Oscuro, y grupos de rebeldes al poder que le han rendido culto”. De esta forma, Anton LaVey incluye en su recopilación de “rituales satánicos” ceremonias, por ejemplo, de los Yezidies islámicos, una secta que adora al Sahitán del Corán, y que realiza sangrientos rituales de sangre en sus tenebrosos cultos; o los Khlysty rusos, vinculados al siniestro Rasputín, y feroces enemigos “satánicos” de la cristiana iglesia ortodoxa.

- Práctica de Conjurar, de Fray Luis de la Concepción, Editorial Humanitas, 1983. En este extenso libro-manual de magia, se detallan diferentes formas de invocar a las fuerzas de la naturaleza, espíritus y demonios, incluyendo también las precauciones que ha de tomar el mago en cada caso.

Las Consecuencias

Incluso algunos de los más devotos satanistas, señalan los riesgos que entrañan este tipo de ceremonias. El Pacto Satánico, dicen, no es un juego para curiosos, sino un compromiso para toda la eternidad.

Quien vende su alma al Diablo es víctima de su propia debilidad y ambición, y no vacila para lograr sus deseos en vender su Alma al diablo, sin importarle las consecuencias, sabiendo que en algún momento tendrá que pagar su deuda. Así es que termina perdiendo todo y condenando su Ser, destruyendo su vida y todo lo que más amaba.

El precio de vender el Alma es muy alto; el comprador es implacable y paciente para cobrar y devorar a sus víctimas. La tentación es grande, pero el precio a pagar nunca es barato…

www.escalofrio.com

martes, 25 de noviembre de 2008

BRUJAS EN LA EDAD MEDIA


El procedimiento legal por el que las brujas eran declaradas como tales durante la Edad Media no podía llamarse propiamente juicio. La prueba solía ser irrelevante y nunca se llamaba a ningún testigo para que testificara contra la acusada. Un jurista expresaba que: “las brujas actúan por la noche y en secreto, y una prueba clara de tales acciones es imposible”. Si se llamaba a un testigo la acusada no podía hacerle ninguna pregunta y tampoco podía llamar a sus propios testigos. Solo en casos excepcionales se permitía que una acusada de brujería pudiera tener un defensor, pero pocos abogados querían defender a una bruja porque representaba defender al diablo y suponía una herejía evidente.

El fiscal llamaba a testigos que en cualquier otro juicio hubieran sido desehechados: parientes cercanos, criado e incluso personas excomulgadas. Los niños eran los informadores y testigos preferidos, llegando a presentar pruebas contra sus padres. A los niños se les podía persuadir u obligar a que presentaran un testimonio condenatorio.

El elemento más importante para declarar convicta a una bruja, además de la confesión, eran los indicia: los signos de que una persona era bruja. Podían ser desde la apariencia, la fama o tenencia de mascotas, hasta ser sorprendida ejecutando un acto de magia negra, como arrojar agua al aire para provocar una tormenta. Los indicia podían ser ligeros (remota), graves (propinquina), o incriminatorios (propinquissima). Los más graves incluían hechos como denuncia de un cómplice, un pacto con el diablo, relación con brujas conocidas, rumor público, posesión de material mágico (ungüentos voladores)…

La presunción era suficiente para acusar de brujería, interrogarla, punzarla y torturarla. En todos los países, excepto en inglaterra, se empleó la extrema tortura física para asegurar la confesión y los nombres de otras brujas. Se creía que la brujería no era un crimen físico, sino espiritual, y solo podía probarse mediante confesión. Como la herejía merecía la muerte nadie confesaba voluntariamente. De aquí que se debía obligar a confesar, y la mejor manera de conseguirlo era causando tanto dolor que la muerte llegara a ser una alternativa preferible.

A la hora de la ejecución se convocaba al público a toque de trompetas y campanas. Una procesión encabezada por las autoridades judiciales y civiles, y miembros del clero, marchaban lentamente hacia el lugar de ejecución. El verdugo y sus ayudantes, llevaban a las condenadas con sogas atadas a sus cuellos… si podían caminar. Si con la tortura habían quedado imposibilitadas las llebavan en parihuelas. Podían incluir a un coro de niños de escuela y todo el cortejo entonaba himnos de camino a la pira.

Si una bruja no confesaba, o si blasfemaba, o si no había cooperado en el juicio, o si el juez era particularmente cruel, la víctima era quemada viva con fuego de leña verde, lo que ocasionaba una muerte más prolongada y dolorosa.
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