lunes, 7 de marzo de 2016

El origen de Satanás

Explicar la presencia del mal en el mundo es una meta tan antigua como la propia humanidad: enfermedades, desgracias personales, catástrofes naturales... siempre han sido causadas por espíritus que podríamos catalogar de crueles y malvados, pero ninguno ha sido elevado a la categoría de encarnación del mal puro: las religiones griega y romana no conocían al Diablo, entre los 400 dioses celtas no había sitio para el Maligno, lo mismo que en las religiones africanas no influidas por los misioneros, en los Indios de América del Norte, ni siquiera en el sintoísmo, budismo, taoísmo... 

En los libros sagrados hebreos Satán nunca aparece como líder de un imperio del mal que ha declarado la guerra a Dios y a la humanidad: esto sólo ocurre en el cristianismo. 

Quien sentó las bases de la satanología cristiana fue el autor del Evangelio de Juan, sus cartas y el Apocalipsis. Es Juan quien lo nombra señor del mundo y causante de todas las acciones malas. Pero la llegada del Hijo de Dios quebrantó este dominio diabólico. 

Curiosamente, una de las más terribles sentencias de su Evangelio es la afirmación de que los judíos son hijos del diablo. Si no tuvieron bastante con ser acusados de deicidio, que el Jesús de Juan les dijera “procedéis del diablo, que es vuestro padre” dio carta blanca a los cristianos para perseguirlos, diezmarlos y humillarlos durante siglos. 

El enfrentamiento entre el Bien y el Mal, heredado de las leyendas judías del siglo I a. C., ha marcado al cristianismo hasta extremos increíbles. Ahora bien, ¿de dónde vino este dualismo? La demonología judía bebió profusamente de la visión irania del mundo: demonios, ángeles y arcángeles nacen en Irán en 500 a. C. 

Y si hay que señalar a un culpable, ése es Zaratustra o Zoroastro, un hombre del que se sabe muy poco pero que cambió el politeísmo imperante en esa región por Ahura Mazda, el señor único: he aquí el comienzo del monoteísmo. Para no eliminar a los viejos dioses los convierte en emanaciones de Ahura Mazda, los ángeles. Entre ellos, los dos más poderosos: el bueno Spenta Manyu y el malo Angra Manyu. 

Al principio ambos eran la cara y la cruz de la moneda pero al final Angra acabó por convertirse en un antidiós, el enemigo declarado de Ahura Mazda. Se puede decir más alto pero no más claro: Satanás nació en Irán en el siglo VI a. C. 

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lunes, 29 de febrero de 2016

La NASA publica una imagen del polo norte de Plutón

La NASA dio a conocer una nueva imagen de alta resolución tomada por la sonda New Horizons que muestra con impresionante claridad la existencia de extensos cañones con superficies congeladas y profundos valles en el hemisferio norte de Plutón. 

De acuerdo con las autoridades espaciales estadounidenses, la presencia de estos cañones podría apuntar a la posibilidad de antigua actividad tectónica en la región.

Hasta que la nave New Horizons llegó a Plutón el año pasado, todo lo que los científicos tenían del pequeño planeta eran imágenes borrosas. Ahora el panorama es mucho más claro.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Los primeros futbolistas de la historia eran chinos

Como las victorias, el exitoso fútbol tiene muchos padres. Los británicos lo codificaron en el siglo XIX, pero juegos similares de pelota se venían practicando en distintas partes del mundo desde mucho antes. 

Por ejemplo, el harpastum romano, el calcio italiano o el cuju chino, considerado el antecedente más lejano del deporte dominante de nuestra época. 

En la China de los principios de la dinastía Han (siglos III y II a. C.), los manuales militares recogían un entrenamiento colectivo que se realizaba con una bola de cuero (rellena de plumas y pelos) que debía lanzarse con el pie a una red de pequeño tamaño sostenida por varas de bambú separadas entre 30 y 40 centímetros. 

Es el “gol” más primitivo del que tenemos noticia. En otros libros de instrucción chinos de aquellos tiempos, se habla de una variante del cuju en la que los jugadores debían sortear con la pelota a los rivales hasta llegar a la meta contraria. La bola podía controlarse con cualquier parte del cuerpo excepto con la mano, como en el fútbol moderno. 

El cuju (vocablo que significa “patear una pelota con los pies”) salió de los campos de instrucción y fue popular en el Imperio chino durante muchos siglos, con transformaciones diversas que no cambiaban lo básico: había que golpear una bola con los pies para anotar tantos. Su decadencia y desaparición no llegaría hasta el siglo XVII, durante la dinastía Qing.

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