miércoles, 12 de marzo de 2014

El café instantáneo

La versión más remota del café instantáneo nació nada menos que en 1771, en Gran Bretaña. La primera versión pseudo industrial y experimental apareció en América en 1853 y tenía una extraña forma de pastel.

No sería hasta el año 1901 cuando se lograra la primera versión verdaderamente exitosa para fabricar el café instantáneo, en el formato soluble y en polvo que conocemos hoy.

Los inventores del café instantáneo fueron los japoneses y un diligente hombre de ciencia, Sartori Kato, que aplicó el mismo procedimiento que había empleado con el té para liofilizar el café sin que perdiera sabor y aroma.

Sin embargo, los primeros que fabricaron el café instantáneo en cantidades industriales fueron los norteamericanos en 1910, en concreto un tal George Washington que nada, absolutamente nada, tenía que ver con el primer presidente de los Estados Unidos.

Washington hizo la hazaña de crear un sistema para la producción masiva del café instantáneo. Sin embargo, sufrió la decepción de ver cómo su producto era rechazado por un público al que no agradaba su sabor.

Fue Nestlé, finalmente en 1938, dio con un sistema de deshidratación del café que no alterara el sabor del café habitual. Gracias a Nestlé, que desarrolló su café soluble Nescafé, los soldados estadounidenses pudieron tomar café en sus puestos de combate durante la II Guerra Mundial.

El cambio más importante desde entonces ha sido la adaptación industrial del proceso de liofilización que se produjo en los años sesenta del siglo XX.

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